La mejor minipausa es pensar en una GRAN pausa

Todo el mundo conoce lo que es el síndrome post-vacacional. Ahora es cuando debería hacer un
mini resumen incorporando un par de anécdotas sobre los que he sufrido yo, pero creo que
podemos saltarnos esta parte, que está muy trillada. De lo que se habla menos, porque sospecho
que hasta ahora no tiene ni etiqueta, es de la evasión pre-vacacional. Del momento en el que
planificar tus vacaciones te transporta hasta un estado mental distinto, y ayuda a reducir el estrés
del actual.

Me gustaría concretar un par de cosas sobre esto. En primer lugar, no estoy hablando de
imaginarse a uno mismo en una playa paradisiaca un lluvioso lunes por la mañana para sentirse
mejor. Para eso están los salvapantallas. Más bien me refiero a asignar pequeñas ventanas de
tiempo a planificar algo bueno para ti, que te aporte y estimule. Ir decidiendo destinos, leer sobre
rutas, o tratar de conocer el idioma pueden ser buenos ejemplos. El viaje empieza en la
preparación.

En segundo lugar, tampoco imagino únicamente destinos con playas paradisiacas. Aunque
siempre intento llevar el Sol y el mar en mi maleta, un destino estimulante para mí es encontrar
algo nuevo. Que me suponga un choque cultural, como Japón. O que me lleve a las antípodas de
donde estoy ahora, que por cierto las de España están en Nueva Zelanda.

Todo esto me lleva a una conclusión lógica: los viajes, cuanto más largos mejor. Soy de parar
poco al año, pero de parar largo. 3-4 semanas que me sirvan para desconectar, cargar las pilas, y
algo que para mí es más importante: recuperar la ilusión. Recuperar las ganas por volver a
enfrentarte al trabajo, sin tomar atajos ni tirar de recurso.

Quizás en algún momento me plantee tomarme un año sabático (o medio año, que intimida
menos), pero de momento sigo con las grandes pausas al año. Y, por supuesto, dedicando
tiempo a planificarlas cuando mi cabeza necesita urgentemente algo estimulante.

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